05 diciembre 2018

Fake News, la completa verdad.

Hoy la noticia trata de si en verdad ¿es noticia o no? o si se trata de una fake news. Las noticias han pasado a ser calificadas y etiquetadas como "falsas", o "no falsas" sobre todo aquellas que se distribuyen utilizando como soportes a las social media, ahora se presume que todas son falsas hasta que no se confirme lo contrario. Las redes sociales y los últimos eventos noticiosos se han enredado en una apasionada relación de amor odio, y verdadero falso.
Posverdad, mentira a medias o verdad a medias.
¿Podemos separar lo falso de lo verdadero?
Desde hace unos años atrás los medios de comunicación han perdido la exclusividad en la entrega de información inmediata, las redes sociales se han sumado a la labor de entregar información noticiosa casi al instante, con el riesgo de no ser firmada por una fuente oficial o confiable. Los millones de usuarios de las redes sociales acuden a sitios como twiter.com para informarse y mantenerse al día o bien informado, la sorpresa que muchos se han llevado es que han descubierto que fueron víctimas de información inexacta que fue enviada intencionalmente en ese momento para afectar su percepción de la realidad a favor de quien la pública.
Los reportajes de algunos medios televisivos pueden fácilmente inducir pasiones en contra de o a favor de, mostrando medias verdades o datos incorrectos como verdaderos, destacando información inexacta de manera poco responsable.
Lo que resulta más desconcertante de este fenómeno es que la información que nos confundió fue generada por el Presidente de algún país u otra fuente que se "presume" era una fuente confiable.
Estas falsas noticias -fake news- se crean con premeditación, alevosía y ventaja aprovechándose de los minutos o segundos en que todavía no surgen comunicados oficiales  o datos verificados, o bien porque existen vacíos de información y todos vivimos en stand-by. Lo pudimos ver no hace mucho en el Brexit, en las elecciones recientes de muchos países, en los debates para ganar simpatizantes y arrancar a los bebés del vientre materno, en muchos llamados a la acción y a salir a las calles y reclamar justicia, espacios y exigir derechos, o para hacer lobby y generar pánico a corto plazo.
La posverdad, hace indistinguible lo cierto y lo que no lo es. Se trata de circunstancias en las que lo hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y la creencia personal, y en muchos casos generando espacios para el odio  y la no tolerancia hacia quien piensa diferente.
Cuando la sociedad, en este caso la opinión pública ha llegado a creer en algo, a percibir la realidad de cierta manera, entonces hablará, y actuará de cierta manera como efecto a esta realidad creada o construida.
El punto no se centra en llegar a descubrir objetivamente la realidad que nos rodea, no es la búsqueda como tal de la verdad última y profunda. Es algo más inmediato pues se trata de establecer una relación de subordinación y controlar a través de una realidad creada o construida, manipulando emotivamente a la opinión pública. La construcción de esa altamente emotiva realidad o verdad -mentira- con sello de certificación de instituciones validas y previamente consideradas autorizadas es la que cada grupo o actor de este escenario busca colocar como verdad hegemónica o verdad dominante. Su mayor riesgo es que inicialmente tiene apariencia de verdad, es verosímil, es un escenario posible y por eso fácilmente aceptada como una verdad.
La posverdad, es un nombre femenino que viene de la palabra en inglés post-truth, que el Diccionario de Oxford reconoció como la palabra del año en 2016. Para la vigésima tercera edición del Diccionario de la lengua española que se presentó en octubre de 2014 “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales” o bien es “aquello que es aparentemente verdad, y resulta más importante que la propia verdad”.
El reto para nuestra generación conectada a tantas pantallas en línea a la vez, está en saberse capaz de distinguir entre una noticia falsa y otra que no lo es. Esta es, sin duda, la mayor prueba para la actual cultura online.
Las medias verdades, verdades acomodadas, medias mentiras, globos sonda para estudiar la reacción de los adversarios, los influenciadores de las redes sociales que alquilan su espacio y nombre, a diario se hacen miles de ensayos manipulando la información, las campañas multimillonarias para promover una sexualidad a favor de grandes farmacéuticas globales, es tiempo de desarrollar criterios y herramientas ágiles que permitan validar en tiempos cortos la calidad de tanta información apasionada y emotiva que recibimos.
Mar lleno de basura.
Ante un escenario lleno de información instantánea fluyendo de manera ininterrumpida por nuestras redes sociales nos toca pensar, validar, calificar toneladas de nuevos datos en cortos periodos de tiempo.
La posverdad y su práctica está serruchando el piso a los valores como la verdad, la honestidad. Se construye un anti valor que promueve el hecho de que mentir está bien, que podemos adulterar y alterar la verdad, engañar y no pasa nada, un día todos estaremos navegando en un profundo mar de posverdad y confusión, donde todo es relativo, donde cada cosa será buena o mala según el cristal -lente- con que se miran las cosas. Este mar de confusión y relatividad es el caldo de cultivo perfecto que atraerá  a miles de políticos populistas y demagogos, que se sentirán a sus anchas prometiendo y mintiendo para lograr sus objetivos personales y parecernos cada vez más a la sociedad de inicios del siglo pasado y que nos llevó a todos al baile de las guerras mundiales.
Esta misma posverdad la observamos en el océano de la impunidad, la justicia selectiva y tardía; promueven el silencio mediático para ignorar y ocultar la profunda corrupción, esta posverdad mezclada con la verdad única repetida con alta frecuencia por los voceros oficiales y sus influenciadores en la forma de declaración o entrevista.
Los grandes auditorios consumidores de datos en las redes sociales abiertas y cerradas no la tienen fácil, se demanda tener madurez y alta capacidad de análisis, dominio propio sobre sus emociones para no ser arrastrados por las emociones, y pasiones desbordadas inducidas.
¿Y tú como estás enfrentando de manera personal este reto, crees todo lo que te llega con vestido de verdad y maquillaje de creíble? Déjanos conocer tu caso y tu punto de vista.

Qué estés bien,

Mauricio Pineda

El autor de este post es publicitario, creativo y productor audiovisual y ha incursionado exitosamente como docente universitario para el Instituto de Mercadotecnia y Publicidad de México, así como en la UNITEC en Honduras desde hace más de veinte años. Es asesor publicitario independiente, redactor de artículos sobre publicidad, conferencista y blogger.

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