28 febrero 2014

La voz, el instrumento musical de la locución


Poder decir un ¡Gracias!, a quien te ha traído hasta aquí hoy, o susurrar ¡Te amo!, a quien te ha acompañado toda su vida, o bien escuchar a alguien que te lo dice. La palabra hablada tiene en sí tal poder sanador tanto sobre el emisor, como en el destinatario. El poder de la palabra hablada está todavía en estudio.
Cabina de grabación de locución.(Fotógrafo Mauricio Pineda © 2014)
Las variaciones de presión en el aire, su humedad o cambios de la temperatura, producen el desplazamiento de las moléculas que forman las ondas sonoras. Cada molécula transmite la vibración a las demás que se encuentren en su vecindad, creando un patrón o un movimiento en cadena. Esa propagación del movimiento de las moléculas del medio, producen en el oído humano una sensación descrita como sonido, captada por el sentido audible; el oído.
La voz es el sonido producido voluntariamente por el aparato fonatorio humano. Los especialistas en el tema dicen que la voz es un sonido complejo, está formado por una frecuencia fundamental -fijada por la frecuencia y la vibración de los ligamentos vocales- y un gran número de armónicos y sobre tonos. Ésta no es producida por un órgano, sino por un conjunto de órganos aparatos y sistemas, que agrupados y actuando coordinada y sinérgicamente producen la voz. En realidad -la voz- se produce gracias a la acción coordinada de casi todo nuestro cuerpo. Nuestro aparato fonador está integrado por estructuras musculares de diferentes regiones y por elementos de nuestro aparato respiratorio y digestivo. A todos los sistemas y aparatos que participan en la fonación se les conoce como sistema fonatorio. Para facilitar su estudio y comprensión éste se divide en tres porciones:
  1. El vibrador. Cuerdas vocales de la laringe, o pliegues.
  2. El fuelle o mancha. Estructuras que dosifican la presión del aire espirado.
  3. Los resonadores. Las cavidades de resonancia.
El resultado del esfuerzo sincrónico de estos tres sistemas da como resultado un sonido normal o eufónico. La voz se desarrolla a través de varios niveles:
  1. Nivel respiratorio. La respiración tiene tres momentos; la inspiración, pausa y espiración.
  2. Nivel resonancial. La resonancia de la voz gracias a las cavidades de resonancia.
  3. Nivel emisor. La laringe -glotis- y la cuerdas vocales.
  4. Nivel de comando. Dirigido por el sistema nervioso central.
  5. Nivel endocrino. Las hormonas que afectan las cuerdas vocales en la pubertad, al genero femenino en la etapa premenstrual y de la menopausia.
  6. Nivel auditivo. Proceso de retorno a través del oído.
La voz puede clasificarse según su uso o trabajo, en voz hablada y voz cantada. También puede clasificarse por la edad en voces blancas -infantiles- y voces masculinas y femeninas en la pubertad y edad adulta:
• Voces blancas: son las voces de los niños y niñas que aún no han alcanzado la pubertad, es decir, son las voces infantiles. Son las más agudas. 
• Voces femeninas: son las voces de las mujeres. Se dividen a la vez en las siguientes: 
Soprano: es la voz más aguda de todas, la que puede llegar a los sonidos más altos. Mezzosoprano: es la voz intermedia entre la soprano y la voz contralto. Contralto: es la voz más grave de las mujeres. Es también muy difícil de encontrar una contralto pura, de hecho es una voz que se está extinguiendo. 
• Voces masculinas: son más graves que las voces femeninas, ya que la laringe es más ancha y más larga. Son las siguientes: 
Tenor: la voz más aguda de todas las masculinas.  Barítono: la voz intermedia entre el tenor y el bajo.  Bajo: la voz más grave de todas las masculinas. 
La voz, el instrumento de la locución.
(Fotógrafo Mauricio Pineda © 2014) Modelo Mel.
La voz cambiará constantemente con el avance de la edad, a los veintes las voces femeninas y masculinas son muy contrastadas, y a los noventas casi no hay diferencias notables. La voz masculina a los sesenta tendrá un aumento de su frecuencia fundamental. Las cuerdas vocales de la mujer miden cerca de 10 milímetros, y en los hombre miden 18mm. La frecuencia fundamental de las mujeres es de 200Hz. mientras los hombres la tienen en 125 Hz.
La voz -Locución- es el instrumento con el que los humanos nos expresamos habitualmente, por lo que no es de extrañar que en un medio como el que nos ocupa, eminentemente hablado, ésta sea, como se ha comentado en más de una ocasión, la columna vertebral del sonido radiofónico. El profesor Balsebre advierte que ninguna de las materias primas que constituyen el lenguaje radiofónico es por sí misma fundamental para la producción, pero reconoce que la palabra es indispensable en la radio. No debe sorprendernos, entonces, que en el libro Redacción y locución en medios audiovisuales: la radio, Amparo Huertas y Juan José Perona, profesores de radio en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) lleguen a decir que la voz es la sonrisa del radiofonista, su boca, sus ojos, sus manos, sus gestos... Su simpatía, su sentido del humor, su mirada... Sus movimientos, sus guiños, su vestimenta... La voz es amistad, confianza, credibilidad, misterio, alegría, tristeza, belleza, fealdad, miedo, seguridad... La voz es, en definitiva, todo lo que el oyente pueda llegar a imaginar. El tono, la intensidad y el timbre tienen siempre un valor expresivo susceptible de variar en función de las variaciones tonales, tímbricas y de intensidad que efectuemos mientras hablamos. Pero para aproximarnos a esos valores, es prioritario definir estos tres conceptos. Para ello, tomaremos como referencia lo que al respecto señalan los profesores Amparo Huertas y Juan José Perona en su libro Redacción y locución en medios audiovisuales: la radio.
El tono es la impresión que nos produce la frecuencia de vibración a la que se manifiesta una determinada onda sonora. En el caso de la voz, la marca del tono (grave o agudo) viene dada por la cantidad de movimiento que se produce en las cuerdas vocales al emitirla, es decir, por el número de vibraciones que en ellas tienen lugar. Cuantas más vibraciones se produzcan, más aguda será la voz, más alto será su tono. Por el contrario, cuantas menos vibraciones acontezcan en la laringe -lugar en el que, como saben, se genera la voz humana-, más grave será el sonido resultante, más bajo será su tono. La unidad de medida del tono es el Hertzio o Hertz (Hz), que expresa la frecuencia a la que vibra un cuerpo. Esta unidad de medida debe su nombre a Heinrich Hertz, la frecuencia es la medida en ciclos por segundo, una persona con excelente oído puede percibir sonidos entre 20Hz y 20,000 Hz. Las frecuencias bajas o graves suelen considerarse en la frontera de los 200 Hz, por debajo de esta frecuencia se mueven las voces masculinas normales (80Hz a 200Hz), mientras que las femeninas lo hacen entre los 150Hz y los 300Hz. De la misma forma, también entraña una seria dificultad determinar con exactitud qué impresión tenemos cuando escuchamos una voz grave o una aguda. De la primera tendemos a destacar su "varonilidad" y a asociarla con ciertos adjetivos como "seria", "creíble", "segura", "adulta" y "poderosa". La segunda, en cambio, se nos presenta como más "infantil", "dulce", "familiar", "alegre". Por eso, en los casos extremos podríamos decir que una voz es más grave cuanto más ronca y profunda resulta al oído, mientras que es más aguda cuanto más chillona suena. Por su parte, la intensidad de la voz depende básicamente de la potencia con la que el aire que procede de los pulmones cuando hablamos golpea los bordes de la glotis, de modo que, cuanto más amplias son las vibraciones que se producen durante la fonación, tanto mayor es la fuerza a la que se emite una voz. La intensidad equivale al volumen, por lo que es normal asociarla con la impresión de alta/baja o de fuerte o débil. A diferencia de lo que sucede con el tono, este rasgo acústico es más fácil de diferenciar perceptivamente -a nadie le cabe la menor duda de que un grito es una voz emitida a una alta intensidad- al tiempo que despierta sensaciones mucho menos abstractas. Así, una voz fuerte suscita cólera, ira, agresividad, pero también alegría y optimismo, mientras que una voz baja evoca, por ejemplo, tristeza, pesimismo, debilidad... La unidad de medida de la intensidad es el Bel, aunque en la práctica se usa el Decibelio o Decibel (dB), que es una décima parte del Bel. Para que te hagas una idea, ten en cuenta que en una conversación normal, la intensidad de nuestra voz suele situarse en torno a los 50 dB. Sobre la intensidad de la voz, resaltaremos su capacidad para expresar también actitudes emocionales. De hecho, las variaciones de intensidad son muy adecuadas para representar estados de ánimo y aspectos relativos al carácter de un determinado personaje: la agresividad, la cólera, el miedo, la tensión o el nerviosismo se ilustran con un volumen más alto que la tristeza, el cansancio, la debilidad o la depresión. Por otra parte, la intensidad ayuda a describir tamaños y distancias y, en combinación con la agudeza o gravedad del tono, refuerza la ilusión espacial de lejanía (volumen más bajo) o proximidad (volumen más alto). En cuanto al timbre, diremos que es la principal seña de identidad que presenta cualquier sonido. Es su cualidad más particular, su especificidad, aquello que en realidad posibilita que al percibir un sonido lo podamos diferenciar de otro por que lo hace distinto, aunque ambos presenten el mismo tono y la misma intensidad. Es, en definitiva, aquella característica que permite distinguir entre una trompeta y un saxofón, o entre la voz de nuestro mejor amigo y la de nuestro peor enemigo. En el caso del ser humano, el choque del aire con las cavidades bucal y nasal, el velo del paladar, los labios, la lengua y los dientes, determina la forma que acaba adaptando una voz, originándose así esa especificidad a la que nos hemos referido: Yo sueno distinto porque la constitución física de mis resonadores es diferente a la de los demás. No obstante, la particularidad que el timbre otorga a una voz no es obstáculo para que éste no se pueda manipular parcialmente y, por tanto, el sonido de nuestra voz cambie. De hecho, si esto no fuera así raramente podrían explicarse, por ejemplo, las imitaciones con las que nos deleitan algunos humoristas. El timbre, por consiguiente, puede llegar a informar, más que cualquier otra cualidad acústica, sobre el aspecto del hablante (edad, atractivo, altura,...), por lo que se perfila como una señal que facilita la construcción de un determinado personaje o el retrato que del locutor radiofónico quiera éste que se hagan los oyentes. La complejidad del timbre dificulta establecer con cierto rigor cuáles son las modificaciones que conllevarían a asociar una voz con un físico concreto. No obstante, sí es posible, como ya se ha dicho, variar la estructura de los resonadores y los órganos articulatorios para imitar a ciertos personajes o simular la voz de un niño, un anciano o un galán.

La vocalización consiste, como su propio nombre indica, en obtener la fonación y pronunciación correcta de todas y cada una de las vocales que aparecen a lo largo de la cadena hablada, mientras que la articulación no es más que enunciar de una forma clara y precisa las consonantes. Sin embargo, como advierten los profesores de UAB, Amparo Huertas y Juan José Perona, la conversión del habla en una mera rutina explica que, en cuestión de pronunciación, se apueste, quizás inconscientemente, por la ley del mínimo esfuerzo, sin darnos cuenta de que a menudo enlazamos erróneamente palabras. Para ganar en claridad, elasticidad y flexibilidad a la hora de locutar, realizar los siguientes ejercicios:
1.- Transcribir verbalmente un texto con un obstáculo en la boca. Uno de los remedios más efectivos consiste en sostener con los dientes un lápiz o un bolígrafo en posición horizontal y leer en voz alta durante varios minutos (10 al día son más que suficientes). Este ejercicio puede resultar algo doloroso, sobre todo al principio.
2.- Abrir y cerrar la boca varias veces, hasta el límite de nuestras posibilidades.
3.- Masajear con la lengua todos los rincones de la cavidad bucal.
4.- Pronunciar un texto sílaba a sílaba, en voz alta y exagerando la gesticulación bucal.
5.- Leer un texto simulando distintas situaciones: riendo, llorando, cantando, gritando, susurrando, etc.
Orson Welles, actuando y dirigiendo La guerra de los mundos.
La entonación es el resultado de las variaciones de tono que se van sucediendo mientras hablamos. En el terreno de la locución radiofónica, es lógico pensar que la entonación guardará una estrecha relación con el tipo de texto que vayamos a transcribir oralmente. Sin embargo, para que tu discurso resulte atractivo y no acabe aburriendo a los oyentes, te recomendamos que huyas de la linealidad entonativa y que construyas con tu voz una curva melódica en la que se combinen distintas alturas tonales. En cuanto al ritmo, señalaremos que está en sintonía con los movimientos de la realidad que pretendas describir, pero recuerda que también resulta ser crucial para atraer y mantener la atención de los radioyentes, para recrear estados de ánimo, o para comunicar diferentes sensaciones. Cualquier discurso verbal presenta una estructura rítmica interna determinada por la duración de las sílabas, la longitud de los grupos fónicos y la duración de las pausas que separen dichos grupos fónicos. Por eso, en función de la sensación que quieras despertar en el oyente, la simple manipulación de la estructura rítmica interna será suficiente para que, al sonorizar un texto, en la mente del receptor generes una imagen de tranquilidad y sosiego (pausas largas, grupos fónicos extensos, etc.) o, por el contrario, una impresión de nerviosismo y tensión.
Espero haber contribuido a mejorar tu comprensión sobre el valor e importancia de la voz en la locución radiofónica. Te invito a disfrutar de la entrevista con Guillermo A. Díaz, famoso locutor de cine, TV y radio.
Que estés bien.
Mauricio Pineda

El autor de este post es publicitario, creativo y productor audiovisual y ha incursionado exitosamente como docente universitario para el Instituto de Mercadotecnia y Publicidad de México, así como en la UNITEC en Honduras desde hace más de veinte años. Es asesor publicitario independiente, redactor de artículos sobre publicidad, conferencista y blogger.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece un muy interesante trabajo sobre la voz humana y su aplicación en la comunicación y la locución. Muchas gracias Mauricio por compartirlo.

Anónimo dijo...

Wil, gracias por tus palabras.

Mauricio