21 diciembre 2017

Cuando los elefantes pelean.

Irónicamente "crisis" resulta ser una palabra que se ha vuelto una rutina cotidiana. Cuando los combustibles suben su valor; todo el país entra en crisis, si la energía eléctrica sube su valor empuja hacia arriba los costos de los productores de servicios y productos y nos colocan a la puerta de otra crisis, si la moneda se devalúa fuera de lo programado; surge la crisis.  Cuando un gremio profesional de empleados no se siente satisfecho con su salario llama al paro, cuando un mandatario abusa de su puesto entramos en crisis, cuando hay guerras en medio oriente entramos en crisis, la manera de llevar a la negociación todo aquello que no logramos resolver es diseñando una nueva crisis. Somos en cierta medida, una sociedad que obedece a las crisis -para entonces sí- resolver.
Al encontrar su significado en un diccionario aparece esta explicación; situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso.
No sé si es sólo mi impresión personal, pero vivimos saliendo de una crisis para entrar en otra todavía más profunda. ¿Será qué es una tendencia? ¿Somos imanes de las crisis y las atraemos en ciclos programados?
Los medios de comunicación privados resultan estar dentro de un ecosistema muy frágil que no les garantiza independencia absoluta. Como en este caso se trata de empresas comerciales protegidas por la figura de sociedades mercantiles, los medios electrónicos utilizan frecuencias del espacio radio eléctrico que son propiedad de todos, y éstas son administradas por una institución que es parte del gobierno o del Estado -Conatel- quien les autoriza y regula, estas empresas medios cada año deben renovar su permiso para explotar la frecuencia autorizada o concedida, y cumplir con un nuevo pago por su renovación del permiso, este tramite de renovación deja margen para aplicar presión indirecta sobre el medio, no sería sorpresa que algún importante medio electrónico tenga "dificultades" para renovar frecuencia desde 2014 a hoy. Sus principales ingresos -medios de comunicación- suelen provenir de otras instituciones y empresas privadas que bajo las garantías universales de la libre emisión del pensamiento, y del libre mercado estimulan a los consumidores a adquirir sus productos y sus servicios en forma de publicidad.
Aquellos que disponemos de tiempo ante nuestro televisor o pantalla, escuchando la radio, leyendo los periódicos y revistas digitales o de papel nos hemos convertido en los consumidores de los contenidos, sean éstos de información novedosa, o de entretenimiento u ocio. 
Muchos medios de comunicación han descubierto que al difundir al menos una vez al día algunas nuevas crisis, más otros escándalos, u otro similar logran que los consumidores de contenidos -usted y yo- dedicamos más tiempo a consumir sus productos mediáticos como noticieros, informativos, noticias de última hora, foros, talks shows, entrevistas, comentarios, opinión, y demás formatos. Todavía no descubren como atraer audiencias a través de buenas noticias y contenidos que inviten a crecer, al bien estar, a superar las condiciones actuales, a educar, a fortalecer la convivencia, a fortalecer las buenas costumbres, de investigar la corrupción y desenmascarla, a señalar a los responsables de promover la pobreza, a ser la voz de alarma cuando un centro educativo es cerrado, desnudar a las autoridades que trabajan para su interés personal dejando a un lado su servicio público, en fin acercarse un poco más al perfil del medio de comunicación ideal.
Durante esas tantas crisis -totalmente innecesarias- diseñadas, construidas y alimentadas por políticos nostálgicos de la época de la posguerra y de aquellos años de la guerra fría que parecen estar en busca de protagonismo mediático local e internacional. Los sedientos de poder y los borrachos de poder suelen cometer todo tipo de extra limitaciones. Hoy parecería una caricatura infantil un Herodes o algún Caligula al lado de los gobernantes que nos dio el siglo 20 y 21. Es común escuchar verdades a medias, promoción del odio, hacer oídos sordos y la vista gorda, abandonando la sana posición imparcial selectivamente.


Ante la vista de todos los consumidores de contenidos como testigos, la relación Estado y medios de comunicación, esa delgada liga, que en el pasado les mantenía cercanos pero independientes, ha crecido y se ha fortalecido, gracias a la mutua necesidad de las autoridades de compartir la versión oficial del día a día de sus actos, y los medios que deberán otorgar credibilidad y fortalecer la verosimilitud de ésta versión. A cambio el generoso anunciante oficial y sus instituciones  públicas incrementan su inversión propagandística -facturación- hasta el punto de subir a los primeros lugares de la tabla facturación publicitaria y convertirse en un "indispensable patrocinador" o anunciante de los medios comerciales. En algunos países de nuestra región ya existe un sistema con órdenes de veto o retiro de la publicidad oficial por parte de los organismos del Estado en caso de que un medio no logre  satisfacer los intereses del grupo en el poder. Desde esta posición resulta más sencillo y simple influir en los contenidos informativos sin tener que hacer censura oficial. Los mismos directores de información de los medios pondrán en marcha la vergonzosa autocensura, que no es lo mismo que la autorregulación. Fortaleciendo con esta práctica a la desinformación, dejando sin contraste a la versión oficial. La autocensura, también surge como una forma de protección a la fuente -oficial y no oficial- y para evitar demandas sobre el medio o el periodista, también se dan situaciones en las que el mismo periodista se autocensura en la distribución de información de interés público para la toma de decisiones de los ciudadanos pues éste considera que el medio no incluirá su informe.
La opacidad en la distribución de la información también se enfrenta a una falta ética muy frecuente; la extorsión político-periodística, doble salario o bonificación que hace un llamado al silencio. En tiempos de crisis y de alta confusión esta mala práctica suele observar una tendencia al incremento. Según sea la jerarquía dentro del medio permite recibir cantidades mensuales en efectivo, cenas, asesorías de relaciones públicas, vehículos, viajes, casas y hasta medios. Llama a la atención el hecho que esta mala práctica se origina tanto desde las instituciones de gobierno pero además a solicitud de pseudoperiodistas. Los profesionales de la información están en el deber de reflexionar sobre su posición, y sobre actuar para permitir a los auditorios tomar decisiones en base a la mejor información.
Usted y yo, como parte de los actores de este proceso de información -destinatario- debemos también asumir la posición correcta ante este océano de información inexacta y desorganizada, algo típico y característico de una crisis. Los medios tradicionales ya dejaron de ser el  único canal a través del cual nos informamos. La inmediatez también está disponible en las social media, y cada ciudadano de esta ciudad digital es a la vez consumidor y generador de contenidos mutimediales, donde la calidad de la información debe ser evaluada con mayor cuidado y madures, y evitar ser atrapado por las pasiones políticas inducidas, que al igual que las crisis también son innecesarias.
Dos enormes elefantes luchando por obtener el poder de la manada.
En una de estas innecesarias crisis políticas recientes pasé consumiendo contenidos informativos con el smartphone en la mano, y sentado ante el televisor por días enteros, escuché noticias por la radio desde el carro; algo que nunca había hecho. Escuchar sobre manifestaciones en la calle, violencia de todo tipo, vacíos de poder, pobre liderazgo, instituciones que desconocían su función primaria, actos ilegales, agresiones y excesos, una enorme lista casi interminable de versiones sin sentido, mentiras, medias verdades, accidentes, personas fallecidas y otras desaperecidas sin rastro, en fin.


Esta imagen no es parte de la serie televisiva "Friends"
Producto de ésto experimenté cansancio adicional, tensión, stress, falta de concentración, me sentí emocionalmente irritado, cambié mi sano humor por sarcasmo e ironía, entre otros cambios. También fui víctima del pánico, de la manipulación, hice compras de emergencia. Fui afectado negativamente por todo un entorno de caos y desorganización originada por instituciones y políticos incapaces. La sobre saturación de información sin análisis, sin una correcta estructura, la confusión producto de la enorme cantidad de datos en bruto.
Recibí varios mensajes en estos últimos meses de crisis, todos muy importantes que me invitaron a meditar toda una noche. Hubo uno que me hizo meditar sobre mi militancia política o simpatía política, pues resulta que no soy aspirante a servidor público. Los segundos me hicieron cuestionar mi liderazgo, éste no se construye de un golpe sino agregando un poco de sensatez cada día.
Las crisis creadas innecesariamente sólo benefician a quien las provoca, y mantiene. Como dicen las abuelitas por allí "Cuando los elefantes pelean, el único afectado es el pasto", es sano tomar distancia, dejar espacio, divorciarse emocionalmente y respirar con calma y sin pasión.
¡Alto, basta, paren!...Parece que todos nos volvimos locos, nadie quiere o desea detener "la crisis", todos parecen agregar más combustible a las llamas. Recordé de pronto que se vale apagar los equipos, aparatos, dispositivos, se vale cambiar los canales de los contenidos que se consumen, y bajar las altas dosis de información parcial y subjetiva. ¿Es posible hacer dieta informativa? Sí es posible. ¿Es posible hacer dieta digital y vivir sin revisar el estatus de las redes sociales? Sí es posible.
Se puede no sólo dejar de consumir esta enorme montaña de productos informativos, especulativos y otros des informativos. Se puede también filtrar y seleccionar correctamente, analizar no sólo la fuente, sino que también calificar quien resulta favorecido o no, valorar sin dejarnos llevar por un torrente de pasiones. No es correcto que por la iniciativa de malos administradores del Estado, por malos gobernantes entremos en una especie de frenesí donde nos atacamos unos a otros y sin considerar ningún otro valor como el derecho a opinar, el derecho a recibir un trato digno, el derecho a la vida.
¿Es posible reconciliar a los adversarios políticos? Sí.
Le invito a tomar tiempo suficiente y reflexionar sobre si todo lo que nos llega envuelto en forma de noticia es verdadero, importante, valioso, oportuno, si nos ayuda a hacer mejores juicios, si estamos observando en la pantalla del radar a todos los actores, si más allá de la justicia que todos deseamos hay intereses de individuos o de grupos, si el deseo de venganza y de odio, el miedo a lo desconocido han contaminado nuestro sano equilibrio emocional. Piense dos veces sobre si nuestras acciones contribuyen al bien de todos. Las guerras inician en el interior de cada ser humano, es justo allí donde se deben detener. Resulta muy fácil encender un fuego sobre tanta pólvora tirada por el piso.
Dos jóvenes elefantes en plena disputa del poder.
Se cuenta que Yugoslavia entre los años de 1991 y 2001 (guerras de los Balcanes) dejó de existir como un país. Alguien empezó a sembrar odio, empezaron a ver sus miedos y diferencias como algo a lo que habría que atacar. Se estima que durante ese conflicto hubo cerca de 220,000 civiles muertos en todo el territorio de la antigua Yugoslavia, y que 2.7 millones de personas fueron desplazadas de sus hogares, algunos llamaron a este conflicto la guerra de la vergüenza. Deberíamos ser más sagaces y determinar quienes son los agentes que generan la brecha o la grieta social de la polarización, que producen los choques y la violencia. Como nos aconseja el viejo proverbio africano: Orun kií dun ósuká; elérulorun dun (Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan).

Qué estés bien,

Mauricio Pineda

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